Como te cambia la vida…

Eres feliz, el negocio funciona, la bolsa sube, en fin, estas creando un verdadero imperio, eso sí, tienes un poco desatendida a la familia, también, el aspecto humano de todo ese gran imperio que estás gestando.

Bueno, como dices tú; ya tendrás tiempo de disfrutar de todo cuando dejes encarrilado este asunto, y, un buen día, en derredor se respira tristeza y preocupación.

Has recibido una pésima noticia, todo se transforma en inquietud, e incertidumbre, porque, cuando se recibe una noticia de este calibre te quedas bloqueado -aunque tengas una gran experiencia empresarial- es una situación que requiere reiniciar la estructura vital que hasta ese momento imperaba.

Todo parece ser un mal sueño…

Un día amaneces con la noticia de que has entrado a formar parte de la estadística ministerial, y te preparas para analizar en que cambiará tu vida. Evidentemente, habrá una respuesta, pero esa respuesta será efímera, cuando te quieras dar cuenta, tu vida volverá a ser como antes -como siempre- estas noticias son difíciles de digerir, y como humanos que somos, nos resistimos a aceptarlas, porque culturalmente no estamos preparados para emprender empresas hacia lo desconocido.

Siempre piensas que estas cosas te tocan de refilón, que pasan por tu lado para nunca quedarse. Ay ingenuo de ti… disfruta mientras puedas y estés a tiempo, porque para después ya es tarde.

Aunque ya sabes: el ser humano nunca aprende, y menos en cabeza ajena…

Aunque ya no importa, ya no hay vuelta atrás. Ahora, lo verdaderamente importante es ganar la guerra, por supuesto, ganando batalla, a batalla, y si se te han concedido una nueva oportunidad no la desperdicies, ten presente siempre; que te superabas con cada noticia que te daban después de cada prueba médica, de cada consulta con los doctores, que buscabas la noticia que te insuflara ilusión para afrontar el futuro con optimismo, y de esa manera, aplacar cada momento de desesperación, esos momentos de tristeza que de repente se apoderaban de ti.

Toma como moraleja no perder ni un minuto de tu vida para ser feliz, para hacer felices a los demás.

Trabaja para vivir, nunca vivas para trabajar, porque, en el camino te perderás cosas que jamás volverán.

Disfruta en el camino de tu familia, de tus amigos, de tu entorno, alimenta la complicidad con tus empleados, que son tus colaboradores.

Si no lo haces así, te encontrarás solo, cuando más necesites estar acompañado.

Aparenta que necesitas, y te sentirás lleno…

 

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